
Escogidos por dios
Moisés fue uno de los líderes más grandes de la
historia. Dios tenía un propósito definido para
desarrollar a través de él, que era la liberación de Su
pueblo. Esto implicaba un arduo y profundo trabajo en su
carácter a fin de alistarlo para realizar la misión que
luego le confiaría; al Señor le tomó cuarenta años
moldearlo.
Después le reveló Su propósito al decirle: “Bien he
visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto”
(Éxodo 3:7a). Moisés había vivido tantas luchas internas
en el pasado que le parecía increíble ser un instrumento
en las manos divinas para hacer proezas. Por tal motivo,
buscó evadir esa responsabilidad presentando su propio
argumento: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y
saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Éxodo 3:11).
Ante el llamado de Dios, la duda es nuestra primera
reacción.
El desierto había logrado quebrantar al antiguo Moisés,
había desaparecido ya todo el orgullo que traía luego de
vivir en el palacio del Faraón. Ya no era más un
autosuficiente, sino un hombre quebrantado, sencillo y
humilde que se sentía incapaz de hacer cosas por sí
solo. Dios tuvo que decirle: “Ve, porque yo estaré
contigo; y esto te será por señal de que yo te he
enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo,
serviréis a Dios sobre este monte” (Éxodo 3:12).
Lo mismo nos dice el Señor hoy: “Independientemente de
lo que piensas de ti mismo, Yo estoy contigo. No
hablarás de ti sino acerca de Mí”. Usted necesita Su
presencia y Él necesita una vida quebrantada en Su
altar. Si se rinde a Él, Dios podrá usarlo y usted será
un canal de bendición para miles.
Cuando el siervo del Señor ha pasado por el
quebrantamiento, su vida está dispuesta para cumplir el
propósito de Dios en esta tierra, pues ya no tendrá nada
de sí en lo cual apoyarse sino que toda su fuerza estará
solo en Dios y por toda gran conquista el Señor recibirá
la gloria.
Un joven se graduó en un instituto bíblico y se consagró
al Señor como misionero al África. Luego de prepararse y
cuando todo estaba listo, sufrió un accidente
automovilístico y perdió una pierna. En gran llanto
decía: “Dios, mi único anhelo es predicar el evangelio a
los caníbales africanos. ¿Por qué permites que pierda
una pierna?” Dios se mantuvo callado. De todas maneras,
creyó que todo obra para bien para los que aman a Dios.
Se puso una pierna de goma y fue al África.
Predicando el evangelio, lo capturó un caníbal. El jefe
de la tribu convocó a las tribus vecinas para una
fiesta, pues el plato principal de la noche sería un
hombre blanco. Pero el joven sacó la pierna de goma y la
tiró, diciendo: “Soy blanco, pero mi carne no les
gustará, no les será de provecho”. Los caníbales
corrieron hacia la pierna de goma y comenzaron a
masticarla, pero no les gustó. Todos intentaban irse del
lugar y el jefe de la tribu les dijo: “¡Este no es un
hombre, sino un dios! ¿Cómo puede ser la carne tan dura
y sin sabor?” Se postraron ante el joven en señal de
arrepentimiento. Luego de oír el mensaje del evangelio,
el jefe de la tribu reunió a todas las tribus vecinas y
se arrepintieron delante de Dios.
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